La adopción masiva de bitcoin ...
Ni esta, ni se la espera
Donde vivo, pusieron un radar a 30 km/h en una zona que no tiene ni pies ni cabeza.
Es una carretera nueva. Amplia. Con buena visibilidad de punta a punta. Recta, fuera de la ciudad. 0 curvas. 0 accidentes. Ni un perro cruzando.
Vamos, un sitio donde cualquier persona con sentido común pensaría que el límite es 50 km/h.
Y así era… durante años.
Esta foto la saqué ayer a las 10:30 de la mañana. No es una carretera que pasen miles de coches, pero tiene bastante tráfico por los polígonos.
Al fondo a la izquierda ves la caja del radar.
Hasta que, de repente, un día decidieron activarlo.
El radar ya estaba ahí desde hacía tiempo. Era solo una caja vacía. Un espantapájaros caro.
Pero un día, sin previo aviso, le metieron el radar. Y entonces… empezó la carnicería.
La gente llevaba años pasando por ahí a 50 o 60. Porque, repito, no es un sitio peligroso. Ni siquiera lo parece. No hay nada que justifique ese límite ridículo.
Pero a partir de ese día, ir a 50 se convirtió en “conducción temeraria”.
Así, de golpe.
Y claro, pilló a todo el mundo con el paso cambiado.
Durante las primeras semanas, fue el radar que más multas puso en toda España. Y no lo digo yo, lo dijeron en las noticias. Literal.
Los de Correos tuvieron que llamar al ayuntamiento y pedirles que lo apagaran unos días porque no daban abasto enviando multas.
El radar está en un pueblo de 10.000 personas.
Y cayó TODO el mundo.
Conozco gente que recibió más de 8 multas en una semana.
Porque claro, si vas al trabajo por ahí, te pillan a la ida y a la vuelta. Y como no avisan, repites el error en bucle. Sin saberlo.
Una amiga mía tuvo que pagar más de 1.000 € y se quedó temblando de puntos. Hasta el punto de que tuvo que pedir a un amigo que se pusiera de conductor o perdía el carnet.
Por pasar por esa carretera a 55 km/h.
Y lo peor es que no puedes esquivarlo. Es imposible ir a 30 por esa carretera si no es por el radar.
Ni las bicis van tan lentas. Te juro que he visto bicis adelantarme mientras iba a 25/30 con el coche. ¡Bicis sí!
Ni el Tour de Francia tiene esas escenas.
A mí también me cayeron dos. 50 € cada una, sin puntos. Vale, tuve suerte. Lo normal es que hubiera tenido alguna a 70 que debe de ser hasta delito.
No soy de ir despacio con el coche precisamente.
¿Sabes lo más flipante de todo?
Que no pasó nada.
Nadie hizo nada. Nadie levantó la voz.
Ninguna manifestación. Ningún post viral en redes. Ni un grupo de WhatsApp organizado.
Nada. Silencio absoluto.
Yo pensaba que algún loco iría con un bate y lo destrozaría. Que alguien le prendería fuego. Que al menos pintarían la caja con spray.
Pero no.
Aquí no se mueve ni el apuntador.
Y ahí fue cuando me di cuenta: estamos jodidamente anestesiados.
Como sociedad, estamos rotos por dentro. Rotos y drogados de distracciones digitales.
TikTok. Instagram. Netflix. Amazon Prime. Fórmula 1. Fútbol. Opiniones vacías y filtros de perrito.
Y así, con este nivel de pasividad, ¿tú crees que va a llegar la adopción masiva de bitcoin?
Ni de coña.
Una persona que no se indigna con un radar trampa que vacía el bolsillo de todo un pueblo…
Una persona que paga callada, sin protestar, sin organizarse, sin levantar un dedo…
¿Tú crees que esa persona va a molestarse en entender qué es bitcoin? ¿Cómo funciona? ¿Qué soluciona? ¿Por qué existe?
Ni de coña.
Bitcoin es para gente que dice “ya está bien”. Para los que se dan cuenta de que el sistema es un fraude y deciden aprender a protegerse.
A largo plazo. A su ritmo. Sin pedir permiso.
Pero si ni siquiera eres capaz de protestar cuando te roban descaradamente…
Si tu primera reacción es “pues nada, otra multa más”, y luego te vas al bar a tomarte una caña y a mirar TikTok...
Entonces bitcoin no es para ti.
La adopción masiva no va a llegar.
Y si llega, será cuando la moneda fiat esté ardiendo, cuando ya sea demasiado tarde.
España es un país de anestesiados. De sumisos.
Un país donde se critica la autodefensa. Donde si te pegan, lo primero que haces es llamar al Estado. No reaccionas tú.
Llamas a papi Estado. Como un niño que corre a decirle a la profe que le han quitado el lápiz.
Así no se entiende bitcoin.
Bitcoin no es una app.
No es un número que sube y baja.
Es una filosofía.
Una forma de decir: “yo me encargo de mí”.
Y eso, en este país, está completamente muerto.
Por eso siempre repito la misma frase:
La adopción masiva de Bitcoin ni está ni se la espera.
Es más fácil ver a alguien aprender a bailar en TikTok que a entender qué hostias es una semilla de Bitcoin.
Más fácil que alguien se ponga a defender a los políticos que a cuestionar por qué le multan en una carretera sin peligro.
Y con ese nivel de esclavitud mental… lo siento, pero no hay nada que hacer.
Bitcoin seguirá su camino. Para unos pocos. Para los que aún tienen algo de fuego dentro. Para los que no aceptan que les roben sin rechistar.
Para los demás…
…pues nada, otra multa más.


